martes, 28 de octubre de 2014

Mis comentarios sobre Hechos 6. ¿Qué nos dice la Palabra?
El pasaje que meditamos hoy enlaza directamente con los capítulos anteriores, en los que hemos visto cómo la Iglesia, en Jerusalén, se fortalecía día a día y crecía interiormente a pesar de las dificultades y persecuciones que venían de fuera.
Se nos presenta un conflicto interior a la iglesia misma que, sin embargo, será ocasión providencial de un crecimiento aún mayor de la fe.
Los Doce (única vez que aparecen así nombrados en Hechos) intervienen para solucionar el problema, pero respetando que ante todo, la Iglesia es la comunión de todos los hermanos.
Por ello convocan, en primer lugar, a la muchedumbre de los discípulos y ofrecen una solución.
Aparecen así distinguidos dos servicios, "el de las mesas" (caridad –diríamos hoy-) y el de la "oración (incluida la Eucaristía) y de la palabra (predicación, formación y testimonio)".
La elección por la comunidad y el nombramiento de los primeros siete diáconos para el primero de los servicios, trajo como consecuencia que la Palabra de Dios crecíera y aumentara el número de los hermanos, incluyendo a muchos sacerdotes judíos (6, 7). 
Ese es el fruto, sin duda, de una decisión bien tomada: habiendo recurrido a la oración; habiendo consultado a la comunidad y bajo la supervisión de los Doce…

La lectura destaca a uno de estos diáconos, Esteban, "varon lleno de fe y del Espiritu Santo", fiel y humilde Discipulo de Cristo, y primer mártir cristiano.
Grande era la eficacia de “la sabiduría y el Espíritu con que hablaba” (6, 10), pero aun así no pudo someter los espíritus de los refractarios; y a semejanza de nuestro Señor Jesucristo, tuvo detractores que no buscaban justicia, ni pensaban juzgarle, sino solamente condenarle y matarle.
Sobre El, presentaron una doble acusación de blasfemia: contra Dios y contra Moisés.
Pero como veremos en sucesivos capítulos de los Hechos, desde el plan divino, estas persecuciones y testimonios de martires como el de Esteban, se convierte en trampolín para la expansión misionera de la Iglesia.
Como ocurre también hoy, los cristianos cuanto más activos sean y logran convertir más gente el diablo "levanta" a alguien para oponerse a ellos.
Por ello, a semejanza de las primeras comunidades, y como discipulos fieles de Cristo, seamos fuertes en la oración y en la Palabra, para que las adversidades que encontramos por nuestra fe y nuestra adhesión al Evangelio se traduzcan en ocasiones de testimonio; no deben alejarnos del Señor, sino impulsarnos a abandonarnos aún más a Él, a la fuerza de su Espíritu y de su gracia.
¡¡Qué así sea!!
Ani Martín