lunes, 20 de octubre de 2014

Muy buenos días, hermanos:

Ayer leíamos en Hechos 2 el texto central que resume lo que buscamos en las Escuelas, el "testimonio eclesial": 

"Y perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. Todo el mundo estaba impresionado y los apóstoles hacían muchos prodigios y signos. los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón; alababan a Dios y eran bien vistos de todo el pueblo; y día tras día el Señor iba agregando a los que se iban salvando."Hch 2, 42-47

Leyendo este texto en el corazón, en presencia del Espíritu que ya "habita en cada uno de vosotros", podríamos cada uno subrayar una palabra distinta de este mismo párrafo.

 Estamos siendo llamados a vivir en comunidad, un estilo poco al uso hoy en día, que nos resulta en muchos aspectos nueva, que nos entusiasma, y que seguramente aún tenemos todos que aprender.

 Pero este es el reino que Cristo quiso para nosotros, y el que esperamos. Esta es la forma de vivir que queremos para la Escuela. Nada menos.

Hoy leeremos el capítulo 3, que nos vuelve a hablar de esta comunidad: "tenían un solo corazón y una sola alma; nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía" Hch 3, 32   

Es de donde nacen y se alimentan los discípulos. Los hermanos traen y llevan a los apóstoles, a los evangelizadores, los cuidan, los acogen, hacen posible la expansión del reino. Oran  juntos, y esa oración hace temblar el suelo, "los llenó a todos el Espíritu Santo, y predicaban con valentía la palabra de Dios" Hch 3, 31.

Un abrazo.Unidos.

 Adela Montes