… porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé
también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al
que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien Yo os anuncio. (Hechos
17:23)
De todo el capítulo de Hechos 17, quiero resaltar el
anterior versículo, donde Pablo nos habla de su visita a los hermosos templos
griegos, donde había ídolos por todas partes, y donde había encontrado un altar
que tenía esta inscripción: "AL DIOS NO CONOCIDO".
Tras meditar esto, llego a la conclusión, que nuestra sociedad actual no se diferencia tanto de la griega, en cuanto que, tenemos a nuestra mano una gran cantidad de falsos dioses e ídolos, adorados por esta sociedad secularizada de nuestro tiempo.
Tras meditar esto, llego a la conclusión, que nuestra sociedad actual no se diferencia tanto de la griega, en cuanto que, tenemos a nuestra mano una gran cantidad de falsos dioses e ídolos, adorados por esta sociedad secularizada de nuestro tiempo.
Estos ídolos, "falsos ídolos", son los valores y
prioridades materiales de una sociedad de consumo, que nos "quita la
libertad" al no poder prescindir de ellos, nos aparta de nuestros
semejantes, llevándonos al individualismo y centrando nuestras vida en el
"ego".
Falsos ídolos que en definitiva nos aleja de Dios, fuente de
amor verdadero y vida eterna.
Recordemos lo que Jesús nos dice:
"Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el
único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" (Jn. 17:3)
"Y sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado
entendimiento a fin de que conozcamos al que es verdadero; y nosotros estamos
en aquel que es verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios y
la vida eterna. Hijos, guardaos de los ídolos."(1Juan 5, 21-22)
Por otro lado, al igual que los griegos daban culto a un
"Dios que no conocían", esto mismo, también es una realidad para
muchos cristianos de hoy que dicen adorar a Dios, y no lo conocen realmente, y
resumen su fe, a realizar ceremonias procesionales u otros rituales religiosos
vacíos, fríos y distantes de la verdadera fe que nos aproxima a Dios.
Jesús nos deja claro que solo Él es el camino al cielo y al
conocimiento personal de Dios: “Nadie va al Padre sino por mi" (Juan
14:6).
Por tanto, si somos cristiano, es decir, "discípulo y
seguidor de Cristo", debemos conocer al Padre mediante el Hijo. Debemos
conocerle y aprender de Él, leyendo y meditando sus enseñanzas, y llevándolas a
la práctica diaria.
Si somos cristiano, no debemos conformarnos con la
mediocridad cristiana, sino que por medio del poder del Espíritu Santo,
esforzarnos por alcanzar una madurez cristiana, adorar a Dios, amarle y
servirle a Él y a los demás:
«En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si
tuviereis amor los unos con los otros» (Juan 13:35).
¡¡Qué así sea!! Ani Martín.